viernes, 17 de octubre de 2008

Sin título

Un relato que se me ocurrió hoy mientras llegaba al DF.







Podía ver ciudad por todas partes. A donde quiera que dirigiera la mirada veia aquella enorme mancha gris. No lo creia. Nunca imaginó que la capital fuera tan grande. “Mira, es tan grande que se come los cerros, míralos salir de entre las casas”. Le dijo eso a su hermano que venía atarantado por el sueño. Llevaban dos días de viaje y casi once horas sobre ese autobús. La ciudad los recibía con su cara más gris. Las construcciones mostraban la desnudez de sus ladrillos de concreto. Las calles sucias y desordenadas subían las colinas como serpientes. El cielo estaba nublado. Iba a llover. Al fondo, hasta donde daba la vista, una enorme nube oscura viajaba muy cerca del suelo. Su sombra, una enorme mancha negra, se tragaba un trozo de ciudad por un momento, pero solo una parte insignificante. La ciudad era más grande que aquella enorme nube. Ismael no daba crédito. Una sonrisa se le dibujo en el rostro, así de pronto, como un niño sorprendido. Pedro dormía recargado en el hombro de su hermano, el sueño lo había vencido, no le importaba ver la ciudad. El autobús avanzaba, entrando y saliendo de calles, entre autos, entre gente atrapada en autos, entre gente que caminaba por puentes sobre los autos, entre gente que viajaba en trenes rápidos apretadas contra las ventanas, entre gente que caminaba a toda velocidad sin ver por dónde iban, con el camino aprendido de memoria. La nube se los tragaba ahora a ellos, su enorme sombra se posaba sobre sus cabezas, sobre el toldo del autobús que cubría sus cabezas. Eso pensó Ismael, pero no era la misma nube que él había visto, se trataba de otra, una no tan grande. La nube que él había visto devoraba otra parte de la ciudad y se desgarraba en forma de gruesas gotas de lluvia. Llegaron a donde tenían que llegar. Bajaron del autobús, nunca habían visto a tanta gente. “Nunca he visto tanta gente Pedro”. Tomaron sus cajas y se pusieron los sombreros. Chema los esperaba del otro lado del largo pasillo donde los autobuses se estacionaban. “Creo que veo a Chema, sí, es Chema”. Seguían ahora a Chema con religiosidad, sin embargo, volteaban a todas partes, estaban atonitos. Se fueron perdiendo entonces entre la multitud. La gente se multiplicaba, parecía salir del suelo. Ismael y Pedro se esfumaron entre la muchedumbre, ya no alcanzo a verlos. La ciudad se los tragó. Son uno más de esos que caminan apretados, que viajan en los trenes con la cara pegada al cristal, que caminan en puentes sobre las calles. Todas las nubes que viajaban sobre la ciudad se entregaron en forma de lluvia, no había llovido así en años. “Aquí todo es en grande” dijo Ismael asustado por la tormenta. Lo dijo en alguna parte de esa enorme ciudad.

2 comentarios:

Luis Reséndiz dijo...

no mamé, sólo me voy dando un status, ponle ;)
en cuanto a lo de xprt/txtprt, lo dice la entrada, es el volumen de cuentos que voy preparando... ya te comentaré cuando te vea en msn...
cuídate, un abrazo!

Luis Reséndiz dijo...

ps. te ha gustado, no lo niegues ;)